
Si has comprado o cocinado de más y tienes previsto congelar alimentos, toma nota. Te contamos cuáles no deberías meter en el congelador y por qué.
El confinamiento actual a causa del COVID -19 ha hecho que muchas familias se vean obligadas a cambiar sus hábitos de vida sobre todo en el almacenamiento de los alimentos y conservarlos de forma correcta.
Como no podemos salir frecuentemente a la calle, las compras diarias se han convertido en una compra semanal, lo que exige la congelación de muchos de esos alimentos.
El problema es que no todos se pueden congelar, ya que la congelación de ciertos alimentos está contraindicada por la pérdida de sabor y textura, si bien las bajas temperaturas y, en especial, las de congelación, son el aliado perfecto para evitar la proliferación de patógenos en los alimentos.
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Mayonesa, guisos, pasteles, frutas y verduras son alimentos que no conviene congelar. En cuanto a los alimentos cocinados, pueden congelarse, pero debe tenerse en cuenta cómo se hace.
La congelación de los alimentos es quizá la técnica más antigua y, a la vez, más eficaz en cuanto a conservación. A pesar de ello, no destruye los patógenos, sino que evita que se multipliquen. La aplicación de calor, entre otras medidas, sí destruye los microorganismos. Por el contrario, la congelación detiene o hace más lento su crecimiento y desarrollo, pero no los mata. Es más, cuando se descongela y se alcanzan de nuevo valores de temperatura ambiente o templada, el desarrollo de patógenos se reanuda y los patógenos pueden multiplicarse de forma peligrosa.
Los alimentos más perecederos de contaminarse por patógenos, precisan técnicas de conservación para evitar su deterioro. Es el caso de la carne, pescado, marisco, leche, vegetales, alimentos frescos, platos preparados, frutas o lácteos.
Deben mantenerse a temperaturas de refrigeración o congelación para evitar que los patógenos se multipliquen. Sin embargo, no es aconsejable congelar ciertos alimentos o comidas, con lo que mantenerlos a temperatura de refrigeración sería suficiente para su conservación, más limitada pero más segura. Congelar determinados alimentos está contraindicado por la pérdida de sabor y textura que representa este proceso, pero en ningún caso supone un ataque a la seguridad.
Mayonesa, pasteles, frutas...
No está indicado congelar pasteles o tartas. Es preferible consumirlos frescos o mantenerlos en el frigorífico de dos a cuatro días antes de consumir de nuevo. El problema de congelar productos como los pasteles recae en su descongelado, por su tendencia a agrietarse. Además, pierden su textura y consistencia y quedan afectadas sus características organolépticas, como sabor y aroma.
Para la mayonesa, no está indicada la congelación, ya que al descongelarla tiende a formar una masa sólida sin apenas gusto ni textura. Lo mismo ocurre con los huevos, basta con mantenerlos en el frigorífico. No obstante, pueden congelarse siempre y cuando no estén con su cáscara. La clara del huevo es la parte que mejor responde a la congelación.
En general las frutas, las verduras y los vegetales tienen una gran cantidad de agua en su composición. Al congelarse, se forman cristales de hielo de gran tamaño, que pueden dañar el producto. Esto provoca la ruptura de las paredes celulares de los vegetales, lo que significa una pérdida de la estructura inicial. El resultado final, una vez descongelados, es un aspecto desagradable y un sabor muy distinto al original. Por eso, lo recomendable es comprar verduras ya congeladas, es decir, ultracongeladas.
Cómo congelar alimentos cocinados
Hay que evitar al máximo la entrada de aire en el recipiente ya que, sobre todo en el pescado cocinado, el aire durante el congelado hace que el alimento absorba de forma rápida la humedad y se transforme en una sustancia blanda, de muy baja calidad, que difícilmente será comestible. Cualquier alimento cocinado que se desee congelar debe guardarse en un envase hermético y eliminarse la máxima cantidad de aire posible.
Fuente: Eroski Consumer , 01 de abril de 2020





