
La Bodega Murga viene desarrollando una propuesta ambiciosa para que el vino peruano deje de ser una alternativa secundaria frente a etiquetas importadas y se consolide como acompañante habitual de la cocina local. El enfoque no es solo comercial, sino cultural: integrar el vino nacional en la experiencia gastronómica peruana.
La estrategia combina mejora técnica en vinificación, selección rigurosa de uvas y construcción de identidad en cada etiqueta. Con producción en Ica, la bodega trabaja perfiles que buscan armonizar con platos emblemáticos de la cocina peruana, desde preparaciones marinas hasta carnes y recetas criollas.
Uno de los ejes centrales es el maridaje. La propuesta apunta a demostrar que los vinos peruanos pueden dialogar con la diversidad de sabores del país, potenciando acidez, especias y texturas propias de la gastronomía local. El objetivo es claro: que el consumidor asocie naturalmente comida peruana con vino peruano.
En un mercado donde el consumo aún es dominado por productos importados, la apuesta de Murga busca reforzar identidad, origen y valor agregado. Si el comensal empieza a pedir vino peruano por convicción y no por curiosidad, el cambio ya estará en marcha.





